Influencia

Alejandro III de Macedonia (356-323 a. C.), conocido como el Magno, solo vivió 32 años, pero le bastó ese tiempo para cambiar la faz de la tierra para siempre. Ya en su tiempo fue adorado como un dios y, después de su muerte, su cuerpo momificado y exhibido en el célebre Soma de Alejandría fue visitado y adorado por millones de personas, desde emperadores y poderosos hasta el más humilde esclavo.

En la Biblia, aun siendo ella misma a menudo un panegírico de la extrema violencia se hace, empero,  un relato negativo de sus hazañas. El Libro de los Macabeos (1, 1-9) comienza con una valoración particularmente hostil: “Alejandro el macedonio, hijo de Filipo, que ocupaba el trono de Grecia, salió de Macedonia, derrotó y suplantó a Darío, rey de Persia y Media, entabló numerosos combates, ocupó fortalezas, asesinó a reyes, llegó hasta el confín del mundo, saqueó innumerables naciones”.

Por el contrario, en el Corán se recoge una bella y poética narración de la vida de Alejandro Magno (Sakander Al-Akhbar), al que se dedica dieciséis versículos (del 82 al 98) de la asura XVIII, y se le denomina Dhul-Qarnain o Zulkarneinm, que significa ‘el Señor del Doble Cuerno’, recogiendo la leyenda de los pueblos de la meseta irania y las montañas afganas donde se le conocía con Sikander Bicorne, Alejandro el de los dos cuernos, el símbolo del carnero de Amón, como se le representaba en Egipto, como hijo de Amón-Zeus.

Lo cierto es que la presencia de Alejandro y su leyenda atravesaron los oscuros siglos medievales, las luces del Renacimiento y la Ilustración, la vorágine y las convulsiones de la Edad Moderna y han llegado hasta nuestros días sin perder nada de brillo. Alejandro es el nombre que más niños españoles llevan desde el año 2000, nada menos que el 33,7 por mil, y los seguidores y fanáticos del macedonio son infinitos cuando han pasado más de dos milenios desde su muerte en Babilonia.

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