Alejandro Magno y sus diversos status en Roma

Alejandro fue una figura con diversos matices, ya que desde el principio fue presentado con tintes heroicos. El macedonio representa lo que sería una idea nueva, ya que a pesar de que el estatus heroico no era imposible para un humano, como podemos ver en el caso de los caídos en las guerras médicas, el macedonio busca conseguir ese reconocimiento en vida, tal y como se había dado en la Edad Heroica. Ese dato lo podemos ver en las representaciones de su época, donde se nos presenta en varias ocasiones como un elegido de los dioses o cuando los autores clásicos nos refieren sucesos en los que Alejandro intenta superar a los propios héroes. Únicamente si nos planteamos el caso de Lisandro, podríamos hablar de un precedente sobre un culto en vida o la aceptación de una naturaleza diferente por encima del resto de los humanos. Esta naturaleza diferente al resto del común de los mortales fue el caldo de cultivo de las múltiples leyendas que sobre sus hazañas se escribirán en los primeros años de su muerte, que ayudaron a configurar esta imagen mítica. Así se convirtió en un personaje más cercano a los héroes de la Edad Heroica que a los hombres de su tiempo, acercando a Alejandro a un pasado más mítico que real, ejemplo de ello es el episodio de la reina de las amazonas. Esto nos hace pensar que aunque los autores de estas narraciones no tenían consideración alguna con los hechos verídicos, es tan bien cierto que la población a los que les llegaba, no solamente querían creerlo sino que únicamente procediendo de su figura pensarían que eran verídicos. Si a ello le unimos las funciones de oikiste y de antepasado para los reinos helenísticos, tenemos una base para crear este ser múltiple. Este fenómeno que se produce en zonas de control griego, no tendría que haber afectado nada más que al mundo griego, pero afectó a todo el Mediterráneo. Alejandro en Roma no fue solamente una figura histórica sino que al igual que en Grecia, adquirió diversas naturalezas. Esta concepción múltiple en Roma se puede apreciar gracias a los siguientes datos:

1. Representaciones en que porta elementos de otras deidades o héroes: destacando dentro de Roma la leontea de Heracles.
2. Las emisiones numismáticas de su figura: Alejandro no deja de ser una figura externa a Roma aunque se termine adoptando como propia, no resulta lógico que un rey extranjero salga representado en acuñaciones de otros estados, menos que en varias acuñaciones porte los símbolos monárquicos de su propia cultura, siendo más comprensible las iconografías de oikistes, con la leontea o incluso los cuernos de Amón. Esto implica que la corona, a pesar de ser un elemento de un poder foráneo, sirvió para identificar al Magno como si fuera un atributo suyo, no como la imagen de un poder ajeno a Roma. Al igual que podemos encontrar representaciones de otras figuras heroicas de origen griego en las representaciones numismáticas con sus propios atributos.
3. La Imitatio Alexandri: con todas sus variantes implicaba que Alejandro y sus hechos eran el patrón para medir la grandeza de otros personajes históricos o de la propia Roma. Esa búsqueda de igualar o incluso superar al hijo de Filipo, podría implicar un sentimiento de inferioridad con respecto a Grecia, aunque también puede estar detrás otro concepto. El macedonio había imitado y superado a los héroes clásicos convirtiéndose por ello en el siguiente modelo a imitar y superar.
4. Las visitas a su tumba: destino casi obligatorio si se iba a Alejandría, posiblemente no tendría tanta importancia si no fuera que nos encontramos entre los visitantes a las máximas representaciones del poder de Roma, en el caso de Caracalla tenemos constatada una ofrenda dentro de la tumba y la realización de sacrificios como dios y como héroe al macedonio.
5. La apropiación o posesión de objetos de o sobre Alejandro de las cuales nos informan las propias fuentes escritas, no nos encontramos únicamente ante obras de arte que se realizaran sobre el Magno, como es el caso de la escultura de un Alejandro joven que poseía Nerón o los frescos de Apeles expuestos en el foro de Augusto, sino en el expolio de la propia tumba por parte de Calígula o la posesión por parte de Pompeyo de una clámide de Alejandro, dando la sensación en estos dos últimos caso que nos encontramos ante reliquias.
6. La aparición de Alejandro en sueños que resultan proféticos. Para el período romano no hay constancia de esta actividad, a excepción del poema de Silio Itálico. Aún así que autores como Apiano o Plutarco, nos muestren a Alejandro actuando dentro del mundo onírico, implica lo que ya comentamos anteriormente: Alejandro está actuando o como un antepasado o como un dios.

7. La crítica y el debate sobre su divinidad que empieza en el momento que otros miembros de la sociedad romana accedieron a este estatus, es posible que tras esa crítica se esconda un ataque oculto al emperador reinante, pero el hecho de que se discuta o se critique implica que una parte de la sociedad considera que posee esa naturaleza divina, especialmente en las provincias donde Alejandro había estado en el pasado. Concepción que, como ya hemos comentado, se utilizó durante la república en las monedas de Aesillas, bajo la idea de hijo de Amón, sin que existiera ningún conflicto moral a la hora de representarle como un dios o como el hijo de un dios. Posteriormente en época Severa volveremos a tener con los medallones de Abukir la imagen de un Alejandro deificado en un contexto público o político, según queramos considerar el carácter de los juegos.

Estas serían las razones que nos confirmarían que Alejandro dentro de la sociedad romana goza de múltiples estatus, al igual que sucede en el resto del Mediterráneo. Podremos observar que dependiendo de la situación política, se utilizará la figura del Magno con sus diferentes aspectos, según las conveniencias del momento, no en todos los períodos y situaciones veremos todas sus “naturalezas” en este ámbito.

Fuente: La imagen de Alejandro en Roma, Desde los Escipiones a los Severos, de Ana Begoña Cadiñanos Martínez.

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