La campaña de Alejandro Magno y sus descubrimientos científicos

Una de las facetas más elogiadas y admiradas de la figura de Alejandro Magno fue su excepcional campaña, con la que culminó la apertura de Asia al Occidente europeo; sin embargo, en ella no hubo sólo éxito militar, sino que, además, sirvió para conocer de primera mano lugares y asuntos, de los que o bien no se tenía noticia o bien se sabía de ellos de forma incompleta. La presencia de Alejandro en tierras asiáticas facilitó, pues, su conocimiento en diversos aspectos, entre los que cabe destacar el científico. La riqueza y variada información científica proporcionada por los escritos sobre las campañas de Alejandro nos ha llevado a elegir sólo algunos de los muchísimos aspectos que podríamos comentar agrupados por temas. Sobre la flora destacan las noticias con que crecen, espontáneamente, en determinadas zonas del Hindukush el terebinto y el laserpicio, hecho de gran importancia, pues sirve de alimento a los rebaños y tanto les gusta que ‘si los animales huelen el silfio de lejos, corren hasta él mordisqueando sus flores y desentierran y comen hasta sus raíces’. Otros datos, según Arriano, que cita de nuevo a Aristóbulo en el desierto hacia Gedrosia, se refieren al extraordinario tamaño de plantas como la mirra (cuya resina es recogida por los comerciantes fenicios que acompañaban al ejército, pues colgaba en grandes cantidades de los inmensos troncos, dado que nadie la había recolectado antes), a los abundantes y olorosos nardos, a los cardos de acanto de tanespinas que ‘si alguien lo tocaba cabalgando, se agarraba a su vestido hasta dar con el jinete a tierra sin que el espino se desprendiera del cardo’; desmesuradas son las noticias sobre otras especies de la India: la higuera india o de Bengala que nos transmiten los autores, sin nombrarla. Así Diodoro, describe unos árboles que tenían de altura 60 codos, de grosor apenas eran abrazados por cuatro hombres y su sombra era enorme, achacando las dimensiones de los árboles y su gran sombra, que cobija a compañías enteras de caballería, a la fertilidad del suelo, al clima templado y a la abundancia de agua. En un valle cercano al Caspio en Hircania, además de cosechas de frutos y vid, abunda un árbol, tipo quercus, cuyas hojas se cubren de gran cantidad de miel, que si no es recogida antes de la salida del sol, desaparece por poco calor que haga. En cuanto a la fauna, ya cerca de Susa, recibió Alejandro como regalo del sátrapa Abulites dromedarios muy rápidos y doce elefantes, y, junto al Acesines, leones y tigres de gran tamaño, pero domesticados, conchas de tortuga y pieles de enormes lagartos, es decir, cocodrilos que nada más que existían en el Nilo y en el Indo. Creencias anteriores suponían que Libia (África) y la India estaban unidas por la parte inferior del Mar Rojo y, por tanto, el río Indo sería el curso superior del Nilo; esta unión ayudaba a los antiguos a explicar las semejanzas de fauna y las condiciones climáticas de los dos ríos. También hay referencias a las grandes serpientes. No mucho después llegaron Nearco y Onesícrito a los que el rey había ordenado adentrarse en el Océano. Entre las cosas que contaban unas las sabían de oídas y otras las habían observado directamente… El mar estaba plagado de monstruos que seguían el curso de la marea, corpulentos como grandes navíos; al ser aterrorizados mediante un canto estridente, tales monstruos habían dejado de seguir a la flota, sumergiéndose bajo las aguas con un gran estrépito, parecido al de unas naves al hundirse’; también fue vista por Nearco una ballena varada en el golfo Pérsico que llegaba a medir unos 50 codos. Alejandro durante su campaña en Asia no paró de enviar a Aristóteles todo tipo de plantas y animales para que el filósofo lo estudiara .Los comienzos de la zoología deben buscarse en la obra aristotélica, concretamente en los estudios sobre la generación y la anatomía de los animales, si bien con anterioridad ya habían existido estudiosos hindúes que influyeron poco o nada en la ciencia griega occidental. Aristóteles realizó observaciones de verdadero rigor científico acerca de la reproducción de los animales, y en anatomía sentó las bases del conocimiento sistemático del reino animal. Alejandro y su ejército tuvieron que enfrentarse en sus desplazamientos por el continente asiático a todos los elementos naturales: sufrieron frío (por la altitud y nieve en el Parapámiso), calor (que provocó no sólo sed al atravesar zonas muy tórridas, sino también enfermedades), dependieron de los vientos: los etesios, que soplan alternativamente del mar a la tierra en verano y harían imposible la navegación de Nearco en esa época, por lo que tuvo que esperar a septiembre /octubre para que soplaran de la tierra al mar, o los vientos que cambiaban las dunas borrando los posibles caminos en la penosa marcha a Gedrosia; o los monzones que provocaron inundaciones y muerte. Con respecto al líquido elemento, pueden destacarse las noticias que sobre la Fuente del Sol, en el oasis de Amón, se trata de fuentes de naturaleza volcánica con aguas sulfurosas, cuya temperatura parece más fresca por el día por contraste con el exterior, se ofrece el dato de unas aguas de un lago salado en el que se bañan los expedicionarios, tras lo cual contraen sarna, que curan con aceite. De otra parte, el ejército griego fue testigo de un fenómeno poco relevante en el Mediterráneo: las mareas. Las fuertes oscilaciones del océano Índico afectan a la propia desembocadura del Indo, provocando estupor entre los macedonios: como tiene lugar el varado de las naves con la bajamar, ‘casi no podían dar crédito a sus ojos ante el espectáculo del peligro corrido: un naufragio en tierra firme, un mar en un río’; sin embargo, Alejandro, una vez más, observa y envía a hombres para que le avisaran de los cambios marinos que pondrían de nuevo la flota en movimiento. Incluso fueron testigos de un eclipse de luna que tuvo lugar la noche del 20 al 21 de septiembre del 331, unos días antes de la batalla de Gaugamela. Alejandro pide la opinión de los adivinos egipcios, quienes, aunque sabían que los astros tienen órbitas fijas y que el eclipse de luna se produce por interposición de ésta por detrás de la tierra o cuando es tapada por el sol, prefirieron explicar que la pérdida del brillo de la luna, astro de los persas, significaba la ruina de ese pueblo, circunstancia que aprovechó Alejandro para enardecer los ánimos de su ejército y levantar el campamento. En definitiva, Alejandro ofreció a sus contemporáneos muchos y nuevos datos para el conocimiento del nuevo mundo oriental como resultado de sus expediciones.

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