La Deificación de Alejandro Magno en las ciudades griegas

Sobre la divinización (en griego apoteosis) de Alejandro en vida discuten los estudiosos desde hace centurias. Tengo la impresión, en síntesis, de que en nuestros días se cree más bien que Alejandro promovió directamente su propia divinización. El posible fundamento no fue que Alejandro mismo se creyera dios, o al menos no en un sentido total, sino que hizo suya la opinión de Aristóteles, su maestro, de que los grandes hombres son considerados por los demás «como dioses» (Política III 8,1).

También es probable que “aprendiera” Alejandro las ventajas de ser considerado así después de, o a partir de, su estancia en Egipto, tras la visita al oráculo de Siwa, donde los sacerdotes de Amón lo saludaron como el guerrero divino y lo aclamaron consecuentemente… como un dios.

La divinización de Alejandro (según la vida escrita por Plutarco, Vidas paralelas, “Alejandro y César”, compuesta hacia el 100 d.C.) comienza en verdad con su heroización después de muerto atribuyéndole grandes maravillas. Comenzaron sobre todo con su concepción maravillosa por obra de Zeus, quien durmió con Olimpia, en figura de serpiente, como ya apuntamos (Plutraco, Vida, 2). La leyenda contaba que Filipo, su esposo, jamás se aventuró a unirse sexualmente con su propia mujer, por temor reverencial de convivir con una persona extraordinaria, tocada con la gracia de los dioses.

Se decía en concreto -cuenta Plutarco- que Olimpia vhabía soñado, como que veía un fuego en su noche de bodas (que representaba a su Zeus y sobre todo a su flamígera progenie, Aljandro); y que Filipo, su padre putativo, vio también en sueños que en el cuerpo de su mujer quedaba grabada la figura de un león. Naturalmente esto significaba que lo que de ella nacería era semejante a un león por su poderosa fuerza.

El día que nació Alejandro se quemó el famoso templo de Ártemis en Éfeso y cuenta también Plutarco que unos magos persas, que estaban allí por casualidad, ante las llamas, dijeron que aquello era el signo de que había nacido un conquistador de rango extraordinario, divino, potente como las llamas… (Vida 3)

También circularon tras la muerte de Alejandro historias de una juventud prodigiosa, de su excelente inteligencia, de las preguntas asombrosas que hacía desde muy pequeño, de su bizarría y valor, del buen olor, como el de los dioses, que se desprendía de su cuerpo, etc. (Vida 4).

De la visita al Oráculo de Ammón en el oasis de Siwa en Libia (entonces Egipto) cuenta Plutarco (Vida 27) cosas maravillosas como la llegada de Alejandro cuyo camino fue señalado por cuervos. y que el sumo sacerdote del templo lo saludó en griego como “Pai Dios” = “hijo de Zeus”.

¿Quiso Alejandro que un oráculo famoso en Grecia diera testimonio de que era hijo de Zeus/Ammón? ¿Quiso tan sólo consultar el futuro? O forzó Alejandro la situación para que así ocurriera. Ciertamente el sumo sacerdote pudo llamarle “hijo de dios” puesto que era el título del faraón…, y el libertador de Egipto (Alejandro) debía llevar tal título

Cuenta también Plutarco que Alejandro aceptó, o más bien exigió, la “proskínesis” (que los nobles se arrodillaran ante él) tras la conquista de Persia y su asunción del trono de Darío. La proskínesis se otorgaba en Persia no sólo al Gran Rey, sino también a personajes o mandatarios importantes. Ahora bien, en Persia el rey no era divino; arrodillarse ante él era un costumbre de sometimiento social: el mandatario que doblaba su rodilla ante el Gran Rey se declaraba su “esclavo”. Para los griegos, sin embargo, la proskínesis era sólo practicada en el culto a loa dioses y pudo entenderse que Alejandro –al exigir que se practicara ante él- se considerara dios a sí mismo. Sea como fuere, ciertamente Alejandro fue temerario en este caso, pues al obligar a los griegos a hacer la proskínesis, no tuvo en cuenta el peso de la tradición. Muchos de sus generales y «compañeros» se sintieron ofendidos.

Plutarco añade que Alejandro declaró “héroe” a su amigo del alma, Hefestión, después de muerto, y que se decía que había llegado un oráculo de Ammón que así lo exigía igualmente para Alejandro, a quien se debía dársele culto tras su muerte.

Y parece que así se hizo, pero Plutarco no afirma que se diera a Alejandro en vida culto como a un dios

Cómo apuntamos anteriormente, puede dudarse si Alejandro exigió tal culto divino durante al menos el último año de su vida. Ciertamente se le dio culto, como a Lisandro, o a Diodoro Pásparo, en algunas ciudades de Asia menor desde 334/333, cuando liberó a las ciudades griegas de la región del yugo persa. Pero este culto se hizo al igual que los casos precedentes…, es decir, no queda claro que los griegos pensaran que ya en vida era un dios, o si por el contrario y mejor, el general era “casi como un dios”.

En las ciudades griegas continentales la cosa fue distinta, pues no había tanta costumbre de rendir honores divinos como en Asia Menor. En 324 a.C. se discutió públicamente en Ateneas y Esparta si había que dar a Alejandro tales honores divinos. Al parecer, Alejandro los exigió por decreto en el 324, en un rescripto que se leyó públicamente en los Juegos Olímpicos… pero no es seguro históricamente que así fuera.

Según opina el ya mencionado Christian Habicht, si parece cierto que de algún modo no históricamente determinado Alejandro hiciera llegar a las ciudades griegas su deseo de recibir culto. Y si esto fue así (independientemente del presunto decreto leído en los Juegos) fue sobre todo por motivos políticos, para consolidar su poder ante los griegos siempre reticentes, y quizás también porque había llegado a la idea de que tras haber realizado grandes hazañas era él de algún modo divino. El que no hubiera oposición a que Hefestión fuera declarado héroe –por el mismo Alejandro- tras su muerte, quizá hizo pensar que él, Alejandro, tenía más derechos aún…, ya en vida.
Alejandro ordenó a las ciudades griegas que le rindieran honores como a un dios. En el
año 324, Demóstenes, su enemigo encarnizado, formuló la propuesta de que Alejandro debía ser hijo de Zeus o de Poseidón, si lo deseaba (Hipérides, Demóstenes, col. 31).
El oráculo de Hipérides (Epitaph 21) afirmó que los griegos bajo el dominio macedó-
nico se vieron obligados a honrar como héroes a los servidores, y a dar culto a hombres vivos. El orador se refiere a Hefestión y a Alejandro. En el año 323 se planteó, en Atenas posiblemente, la adoración de Alejandro. Es dudoso si existió una petición formal de adoración o sólo un intento espontáneo de unos pocos. Es posible que hubiera cierto tipo de petición, como parece deducirse de la existencia de debates en Atenas y en Esparta sobre tal tema. Demades promulgó un decreto otorgando honores divinos a Alejandro. Tenía intención de levantar una estatua, que no era de culto. La discusión fue enorme. Licurgo (Plut. Mor. 842D) exclamó que los adoradores tendrían que purificarse después de cada acto de adoración. Posiblemente se planteó la introducción de la deificación de Alejandro en Esparta y Atenas. En Asia Menor, en Tasos, se establecieron festivales para honrar a Alejandro poco después de su muerte, y en Erythai funcionaba un sacerdocio en su honor en el año 270 a.C.
Muchos de estos honores probablemente datan de la época en que Alejandro Magno
aun estaba vivo. Los embajadores que llegaron a Menfis en 331 desde Asia Menor, presuponían que ya se le reconocía como dios. Esto mismo se confirmó al impedir los efesios que Alejandro entrara en el templo de Artemis efesia argumentando «que un dios no hace dedicaciones a otro dios» (Str. VI, 41). Esta anécdota es de fecha incierta pero seguramente forjada, si es que sucedió realmente, antes de la muerte de Alejandro.
A. Stewart ha catalogado las ciudades en las que han aparecido testimonios de culto a
Alejandro Magno, que son las siguientes: Alejandría de Aracosia (?), estatua fechada entre los años 300-250 a.C.; Alejandría, dos, como fundador y como antepasado de los Ptolomeos; Atenas, como invicto (?); Bargybia (Caria), estatua y culto reconocido, de comienzos del s. III; Bisbon, Turquía, culto de Alejandro (?) en el sebasteion de los emperadores Antoninos y Severos; Éfeso, culto de Alejandro como rey; Erythai, culto de Alejandro rey, festivales y sacerdote desde el 270 a.C. aproximadamente; Gerasa, culto de Alejandro como fundador de la ciudad; Ilion, culto de Alejandro; Koinón de Jonia, culto de Alejandro; Comagene, culto de Alejandro como antepasado de Antíoco I de Coma-gene; Macedonia, culto de Alejandro como antepasado de los reyes Antigónidas; Koinón de Macedonia, culto de Alejandro; Magnesia de Meandro, culto de Alejandro; Priene, culto de Alejandro, santuario remodelado por iniciativa privada en torno al. 150 a.C.; Rodas, culto de Alejandro, con festivales desde 220 a.C.; Skopos, Macedonia, culto de Alejandro dios; Esmirna (?), culto de Alejandro fundador (Paus. VII, 5.1); culto de Alejandro dios (?); Tasos, culto de Alejandro; Tesalónica, culto de Alejandro rey e hijo de Zeus. La divinización de Alejandro sentó precedentes para tiempos posteriores inmediatos: se pasó, sin traumas psicológicos ni institucionales, a la de Antígono Gonatas y de Demetrio Poliorcetes, en vida, en 308 a.C., hecha por atenienses, según narra minuciosamente Plutarco (Dem. X), Se tributaron honores divinos a los Diádocos —reyes que heredaron distintos territorios del Imperio desmembrado de Alejandro—, como Lisímaco, Casandro, Seleuco y Ptolomeo. Tal divinización se hacía extensiva a los familiares directos del rey o a sus esposas, tales son los casos de Ptolomeo I y Berenice (considerados «dioses salvadores» por Ptolomeo II hacia 280), y del propio Ptolomeo II y su esposa Arsinoe, invocados en la década del 270 como «dioses hermanos».
Mucho después, a partir de César, fueron varios los emperadores que fueron divinizados tras su muerte; e incluso Calígula y Domiciano se deificaron en vida.

 

Fuentes:

-Divinización: el caso de Alejandro Magno. Su posible apoteosis en vida (203-09) de Antonio Piñero.
-Alejandro Magno, homo religiosus, de José María Blázquez Martínez

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