Alejandro Magno y Don Quijote

La literatura épica cautivó a Alejandro Magno, que a su vez se convirtió en personaje de leyenda. La literatura caballeresca cautivó a don Quijote, que también miró a los antiguos como caballero, para imitarlos, y como humanista, para extraer enseñanzas de sus hechos y dichos. En el Quijote el papel que desempeña Alejandro, el personaje antiguo más citado en la novela, como modelo a imitar es fundamental para entender a don Quijote.

Existe, por tanto, una afinidad profunda entre Alejandro y don Quijote, pues para ambos la literatura es vida, no habiendo para ellos una frontera clara entre la ficción y la realidad. Los dos viven intensamente la épica: miran a los héroes como modelos de conducta y convierten sus vidas en una imitatio de tales personajes. En la historia Alejandro tuvo éxito en sus conquistas; en la novela don Quijote fracasó como caballero.

Alejandro respetó profundamente la memoria de los poetas antiguos, imitó acciones concretas de los héroes, contagió a sus soldados la sugestión hacia lo mitológico, y padeció de cierta megalomanía, facilitada por las creencias de la época. Todas estas características en mayor o menor medida las hallamos en don Quijote.El amor de Alejandro por la épica era de sobras conocido, cualidad de la que también se hace eco el
Quijote. El cura vecino del hidalgo, que protagoniza el episodio del escrutinio de la biblioteca, menciona el cofre que halló Alejandro Magno en el botín que obtuvo tras su victoria en Isos contra Darío, rey de los persas, en el año 333 a. C.,donde guardó su ejemplar de la Ilíada. Así, al preservar del fuego el Palmerín de Inglaterra, el cura recuerda el aprecio que el general sentía hacia las obras de Homero.

La inspiración en la antigüedad grecolatina es parte esencial del humanismo, y de ella participa don Quijote, a la que añade su pasión por las novelas de caballerías. Lo distintivo en él y condición de su locura es el deseo de mímesis literal, y el voluntarismo de identificarse y aun superar a cualquier personaje épico.

El caballero aspira a superar todas las hazañas conocidas, también las de Alejandro, que integraba el grupo de los nueve de la Fama; imaginario épico que se hace presente desde el primer capítulo, e impregna incluso su percepción de Rocinante: Fue luego a ver su rocín, y aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que
«tantum pellis et ossa fuit», le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban. El que mejor entiende esto en la obra es Sancho, quien ha captado los afanes de su amo y en el último capítulo de la primera parte afirma que don Quijote, al que suponía muerto, supera a “todos los Alejandros”.

 

 

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