El incendio de Persépolis

Una vez efectuada la entrada de Alejandro Magno en Susa, la capital política del Imperio aqueménida, la caída de la otra gran ciudad de Persia era cuestión de tiempo. Alejandro no continuaría persiguiendo a Darío III adentrándose en la Persia profunda hasta asegurar su retaguardia y los flancos de su ejército a la vez que la estación climática le permitiera encontrar provisiones cerca de la ciudad de Ecbatana, la actual Hamadán.1

Incursionando en el territorio persa, el ejército de Alejandro ya no era un ejército liberador de pueblos oprimidos, todo lo contrario, eran fuerzas que ocupaban un territorio totalmente hostil donde la resistencia era muy probable.

A mediados del mes de diciembre del año 331 a. C., Alejandro partió junto con su ejército de la ciudad de Susa y se dirigió a Persépolis. A la salida de Susa, el ejército heleno se encontró con pueblos nómadas que habitaban las zonas montañosas de Persia. Tras varias escaramuzas, Alejandro, junto con la ayuda de la reina-madre Sisigambis, alcanzó un acuerdo con los habitantes, de tal forma que estos últimos permanecieron en sus tierras a cambio de provisiones.

Alejandro dividió sus fuerzas para alcanzar la ciudad de Persépolis. Parmenión tomó las tropas pesadas y el bagaje del ejército macedónico hacia por el sudeste a través de la actual Kazerun en dirección a Persépolis. Alejandro, junto con la caballería e infantería, se dirigió directamente a la ciudad de Persépolis por el camino más corto pero a la vez más difícil, ya que tenía que atravesar un cordón montañoso. Con este planteamiento, la intención de Alejandro era enfrentar cualquier resistencia existente con tropas livianas en combates breves en lugar de batallas campales. De esta forma, el grueso del ejército que estaba con Parmenión no sufriría un desgaste.

Temiendo que la guarnición persa de Persepolis se llevara el tesoro real antes de que llegase a la ciudad, Alejandro dejo a la infantería atrás y se lanzo al galope hacia la capital del imperio persa, donde llego a finales de enero del año 330 a.c.

Con la esperanza de ganarse la buena voluntad de Alejandro, los persas que aun seguían en la ciudad asesinaron a Ariobarzanes, que había llegado a la ciudad y quería resistir.

Alejandro espero en las afueras de Persépolis la llegada de Parmenion, para decidir    que actitud tomar con la ciudad. El mismo era favorable al saqueo y la destrucción de Persépolis, mientras Parmenion optaba por la moderación.

Pero Alejandro queria premiar a sus soldados. En Menfis, Babilonia y Susa había entrado como liberador, y había prohibido el pillaje a sus hombres. Quería darles una compensación.

Decide que Pasagarda, la antigua capital de Ciro el grande sea respetada. Y que Persépolis será entregada a sus soldados. Se dirige a sus tropas y les indica que Persépolis era la capital de su mayor enemigo, y que tienen permiso para hacer lo que quieran, excepto saquear la terraza real y los palacios que  contiene.

Diodoro de Sicilia escribe “Tanto como Persépolis había sobrepasado a las demás ciudades en prosperidad y riqueza, ese día también las sobrepaso en infortunio y destrucción”.

Según el historiador Clitarco de Alejandría (fragmento incluido en su obra principal; “Historia de Alejandro Magno”, redactada hacia el año 300 antes de Cristo), durante el banquete celebrado por Alejandro Magno en Persépolis en junio del año 330 a. C., y ya cuando éste estaba ya muy avanzado, por lo que la mayoría de los invitados y el propio Alejandro estaban ya borrachos, la doncella Tais pronunció un discurso en el que desafiaba a Alejandro a divertirse con ella y a castigar a los persas por el saqueo de Atenas quemando la sala de las cien columnas de Jerjes I.

Alejandro, dejándose llevar por las incitaciones de la muchacha y por la embriaguez del alcohol, se levantó de la mesa y fue junto a Tais hasta la terraza, desde la cual lanzaron una antorcha a la sala designada, que se consumió junto a la gran mayoría del palacio.

A partir de este suceso se desconoce por completo el destino de la joven, aunque se ha verificado el hecho de que a la muerte del Alejandro, siguió siendo la amante de Ptolomeo, con el que tuvo tres hijos.

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