El precio de la Gloria: Las heridas de Alejandro Magno.

El rey macedonio Alejandro Magno ha sido una de las figuras más conocidas y admiradas de la Antigüedad. Cesar, Pompeyo, Mitridates del Ponto, Trajano, o el propio Napoleón, mucho más recientemente, son algunos de los personajes que pretendieron, sin conseguirlo en la mayoría de los casos, emular sus conquistas para tener su gloria.

Para conocer detalles sobre su figura y las heridas que sufrió, a lo largo de la dilatada geografía que recorrió en vida, seguiremos a cuatro historiadores como fuentes históricas: Diodoro Sículo, Curtio Rufo, Plutarco y Arriano, que a su vez se informaron en los escritos de algunos de los acompañantes de Alejandro como Calístenes, sobrino de Aristóteles y cronista oficial de la corte de Alejandro, Ptolomeo, Aristóbulo, Nearco, etc.

Alejandro dirigía sus ejércitos desde la primera línea. Al igual que su padre Filipo II de Macedonia, no dudaba en lanzarse al ataque y se jugaba la vida con demasiada frecuencia. Le impulsaba algo descrito en los textos antiguos como “pothos”, el ansia o anhelo de alcanzar lo desconocido. Su temperamento impulsivo le llevaba a correr riesgos innecesarios en numerosas ocasiones. Le fascinaba el combate cuerpo a cuerpo, la victoria. Su ideal era superar a los héroes de la mitología griega y en especial fundar un nuevo imperio.

Su habilidad estratégica, unida a su temeridad, le reportaron incontables éxitos, enormes territorios para gobernar, un hueco en nuestra memoria y, ¡cómo no!, numerosas heridas que nos van a permitir seguir el camino de sus expediciones. Son célebres algunas frases que se le atribuyen en referencia a las heridas que recibió, como:

No tengo una sola parte de mi cuerpo, por lo menos enfrente, que no tenga cicatrices; no  hay arma, que se use de cerca, o que se lance desde lejos, de la cual no lleve la marca. Más aún, he sido herido por la espada, mano a mano; con flechas, he sido herido desde una catapulta y muchas veces he sido golpeado con piedras y garrotes”.

“Todos juran que soy hijo de Júpiter, pero esta herida está proclamando que soy hombre”. Seneca.(Cartas a lucilo. Carta LIX).

A lo largo de sus campañas sufrió 8 heridas de importancia que podemos agrupar de diferentes maneras. Por ejemplo por el grado de importancia, podríamos afirmar que fueron cuatro leves, tres graves y una casi mortal. Por el instrumento que las causó: proyectil de catapulta, por dardos, flechas, lanzas y espada y mazo. Pasemos ahora a enumerarlas una a una:

1ª HERIDA. CAMPAÑA DE LOS BALCANES Y DESTRUCCIÓN DE TEBAS (DESDE LA PRIMAVERA HASTA SEPTIEMBRE DEL 335 A. C.). (DOS HERIDAS)

Tras la muerte de su padre Filipo en una conspiración en el 336 a.C. Alejandro es proclamado rey de Macedonia por los nobles y el ejército. También es nombrado “hegemon” de las fuerzas griegas contra Persia. Sin embargo amplios territorios y muchas ciudades como Tebas o Atenas verán su oportunidad para rebelarse contra el nuevo y joven rey que encabezará su ejército, nada más comenzar la primavera. La campaña se saldará con el sometimiento de Tracia e Iliria, donde es reconocido como monarca indiscutido. El precio por el dominio sobre estas tierras serán dos heridas: una pedrada lanzada con honda y un mazazo luchando en Iliria. Las heridas no tendrán mayor trascendencia a nivel médico pero sí político. Paul Faure, (en “Alejandro” Edaf, 1990) nos cuenta lo que pasó en Grecia “Demóstenes presentó en la Asamblea de Atenas a un combatiente que dijo haber visto caer a Alejandro ante él. En realidad, solo había sido herido por una pedrada lanzada con una honda y por un mazazo en Iliria”.

Sus heridas fueron exageradas intencionadamente por los atenienses que, dándole por muerto, se rebelaron contra el predominio macedonio. Alejandro, tras sus victorias en el Danubio, permitió a su ejército marchar hacia el Sur de Grecia, destruyendo totalmente la ciudad de Tebas que se negaba a rendirse, siendo todos sus habitantes muertos o reducidos a la esclavitud. Ante semejante destrucción, Atenas, la otra gran ciudad rebelada contra los macedonios, se someterá a Alejandro que, a partir de este momento, tendrá las manos libres para conseguir el sueño que compartía con su padre: derrotar y conquistar el Imperio persa.

2ª HERIDA. BATALLA DEL GRÁNICO (MAYO/JUNIO 334 A.C.)

Nada más cruzar el Helesponto Alejandro, maestro en los gestos simbólicos, arroja su lanza a la costa de Anatolia. Como símbolo de su intención de conquista, siendo el primero en desembarcar vestido con toda su armadura de combate. Se dirige con su ejército a Troya a rendir culto a las tumbas de Aquiles y Patroclo. Desde allí se encamina a la capital de la satrapía persa de Frigia, donde se enfrenta y derrota por primera vez a los persas en la Batalla del Gránico.

Será en este enfrentamiento cuando Alejandro, muy visible por su manera de vestir en batalla, en medio del combate, es acosado por dos persas y recibe su segunda herida. Plutarco nos lo cuenta perfectamente en sus “Vidas paralelas”:

“Sobrevinieron a un tiempo los generales Resaces y Espitridates y hurtando el cuerpo a este, Resaces, armado de coraza, le tiró (a Alejandro) un bote de lanza, y rota esta metió mano a la espada. Batiéndose los dos, acercó, por el flanco su caballo Espitridates, y poniéndose a punto le lanzó con la azcona de que usaban aquellos bárbaros, con la cual le destrozó el penacho, llevándose una de las alas; el morrión resistió con dificultad al golpe, tanto, que aún penetró la punta y llegó a tocarle en el cabello. Disponíase Espitridates a repetir el golpe, pero se interpuso Clito el Negro pasándole de medio a medio con la lanza. Al mismo tiempo cayó muerto Resaces, herido por Alejandro”.

Podemos concluir que, en esta batalla, Alejandro, además de la victoria, se llevó un fuerte golpe en la cabeza que le abolló el casco. Años después Alejandro matará a Clito en un arranque de ira en medio de un banquete, tras recriminarle este a su general y rey que:

“Toda la gloria que posees es gracias a tu padre. Sin mí hubieras perecido en el Gránico”.

3ª HERIDA. BATALLA DEL RIO ISSOS (NOVIEMBRE DEL 333 A.C.)

Tras la victoria y libre de la presión persa Alejandro desciende por la actual costa de Turquía y captura o es recibido como libertador en las ciudades de Efeso, Halicarnaso, Pérgamo o Mileto. Pasa el invierno en la ciudad de Gordión, antigua capital de Frigia, donde tiene lugar el famoso episodio del “nudo gordiano”. En pleno invierno baja más al Sur y choca de nuevo con los persas en el río Issos.  La osadía y el talento militar del macedonio le valen  una nueva victoria ante los persas que huyen en desbandada dejando en manos de los griegos su campamento con el tesoro real y la familia de Darío III incluidas. La osadía en el combate de Alejandro le empujó a lanzarse al frente de sus tropas, a lo más enconado de la batalla, tratando de dar caza al soberano persa. No consiguió hacerle prisionero, pero si que recibió su tercera herida de importancia en combate. Un tajo de espada en el muslo que afortunadamente acabará cerrando sin consecuencias.

4ª HERIDA. SITIO DE GAZA  (SEPTIEMBRE/NOVIEMBRE 332 A. C.)

Alejandro en vez de perseguir en su huida al persa continúa con su proceso de conquista de toda la costa fenicia. Las ciudades irán sometiéndose sin dificultad con excepción de Tiro que, confiada en su insularidad y en sus altas murallas, se niega a rendirse al macedonio. Alejandro enfurecido plantea un prolongado asedio que durará ocho meses a causa de la enconada resistencia de los fenicios. Finalmente y, tras construir una lengua de tierra desde la costa, las fuerzas griegas asaltan a sangre y fuego la ciudad destruyéndola desde sus cimientos y asesinando o esclavizando a todos sus habitantes. El último obstáculo para llegar a Egipto era la importante ciudad de Gaza. Bien defendida por sus altas murallas y con una potente guarnición dirigida por el comandante persa Batis, que trató de resistir a los macedonios el máximo tiempo posible para dar tiempo a su soberano a reponerse de la derrota de Issos.

Los sitiados hicieron una rápida salida que pretendía destruir las máquinas de asedio y el terraplén que los sitiadores estaban construyendo hacia la muralla. Casi lo consiguen, aunque la rápida intervención de Alejandro lo evitó. El macedonio pagó un alto tributo por esta pequeña victoria ya que una máquina desde las murallas lanzó un proyectil que le alcanzó de lleno. El impacto partió el escudo en dos, atravesó su armadura y el acolchado de debajo y finalmente alcanzó el hombro de Alejandro hiriéndole de gravedad.

5º HERIDA. CERCA DE SAMARKANDA. (329 A. C.)

Alejandro se repondrá de la herida anterior y pasará un periodo de casi tres años sin sufrir daños de consideración.

Tras la toma de Gaza entra en Egipto donde es acogido como un libertador y encuentra una resistencia muy escasa. Funda Alejandría en enero del 331 a.C. En abril de ese año ya está de vuelta en Tiro, cruza el Valle de la Becá y alcanzan el Eufrates, atraviesan Asiria y llegan al Tigris. Los macedonios habían recorrido casi 2500 kilómetros en apenas seis meses.

Darío está esperando de nuevo a los macedonios al otro lado del río en la llanura de Gaugamela y es nuevamente derrotado por Alejandro que contaba con cuatro veces menos soldados. Es la derrota decisiva. El ejército de Darío se dispersa y el huye con algunos de sus sátrapas. Alejandro es nombrado “Rey de Asia”. Tras menos de seis años de campañas y casi 9000 kilómetros  en sus piernas, los macedonios entran en Babilonia. la capital del mundo, que se somete sin resistencia. A Babilonia le seguirán Susa y la antigua capital de los persas Persépolis que es destruida por los griegos.

Alejandro no abandonará en ningún momento la persecución de Darío que finalmente será asesinado por Bessos, el sátrapa de Bactriana, partidario de continuar la lucha. Hasta allí dirigirá su ejército el macedonio, viéndose obligado a entablar una lucha de guerrillas en alta montaña que irán desgastando sus tropas. A pesar de todo consigue atrapar y ejecutar a Bessos, pero sus fuerzas serán atacadas con piedras, arcos y flechas por unas tribus cerca de Samarkanda, clavándose una de estas flechas en la pierna de Alejandro. La flecha llegará hasta el hueso y le provocará una fractura.

6º HERIDA. CIRÓPOLIS. (329 A. C.)

Alejandro no se había repuesto del todo de su flechazo en la pierna cuando se vio obligado a sofocar una nueva revuelta en Cirópolis(ciudad fundada por el rey Ciro, el Grande). El macedonio llevaba a sus hombres a través de un lecho seco bajo las murallas enemigas para penetrar a escondidas en la ciudad a través de sus cloacas. Tras forzar la entrada consiguen introducirse dentro de la fortaleza enemiga, pero en su interior los defensores, lejos de querer rendirse, se defienden aguerridamente contra los griegos con mucha dureza y empeño. El mismo Alejandro recibirá pedradas en cuello y cabeza que lo dejarán conmocionado. Crátero otro de los generales de Alejandro también será seriamente herido pero por una flecha. Finalmente los sogdianos pagarán muy cara su osadía, siendo todos los hombres de la ciudad ejecutados, las mujeres sorteadas entre los soldados y los niños vendidos como esclavos.

7ª HERIDA. ASEDIO DE MASAGA (327 A. C.) (DOS HERIDAS)

De nuevo en Bactria, Alejandro desposa a la bella Roxana con la intención de ganar el favor de los sogdianos, Son malos tiempos porque sus hombres cada vez están más molestos por el autoritarismo de su rey. Finalmente optan por conspirar, pero son descubiertos y van siendo ejecutados. El propio Calístenes, cronista oficial de Alejandro Magno y sobrino de Aristóteles es uno de los ajusticiados. Clito, que le salvó la vida al monarca macedonio en la Batalla del Gránico, en el 334 a. C., muere también durante una discusión con Alejandro. Tras estas muertes y el fracaso de la conocida como “Conspiración de los pajes” en la primavera del 327 a. C Alejandro cruza el Hindu Kush. En la ruta hacia allí, entabla terribles luchas contra las tribus de la zona. Primero es herido por una flecha en el hombro en una dura batalla contra los aspasioi . Después ha de enfrentarse a los assakenoi que se le oponen desde la ciudad de Massaga, fuertemente defendida por un contingente de 7.000 mercenarios, que resiste los embates del macedonio.  En una de las salidas de los sitiados, el rey macedonio se lanzó al combate de una forma casi suicida, siendo finalmente alcanzado por una flecha en el tobillo que le fracturará el hueso. Tras fracasar las negociaciones y la muerte del jefe de los mercenarios de la ciudad en combate la plaza es tomada y tanto los mercenarios como sus habitantes serán masacrados.

8ª HERIDA. LA MÁS GRAVE. CAUSADA EN EL ASALTO A UNA CIUDAD MALIA (326/325 INVIERNO)

Ahora que Alejandro tiene el camino libre a la India divide sus fuerzas. Hefestion por un camino va avanzando hasta el Indo y el por otro combate en Swat y a finales de invierno captura Aomos.  La resistencia surge por todos los lados y los macedonios marchan sin piedad hasta al alcanzar el Punjab. Allí en la orilla del río Hidaspes, el rey indio Poros aguarda al los macedonios al frente de un potente ejército que cuenta con más de 80 elefantes. De nuevo el valor y el genio militar de Alejandro le dan la victoria y el sometimiento de Poros. Allí cerca fundará la ciudad de Bucefala, en honor a su caballo Bucéfalo, muerto a causa de las heridas recibidas en esa batalla.

Los soldados de Alejandro están agotados y heridos por tantas batallas, está lloviendo torrencialmente y en ese momento se niegan a continuar con las continuas campañas de Alejandro, que tras unos días de enfado y meditación se verá obligado a aceptar la voluntad de sus hombres y a emprender el penoso camino de vuelta a Persia. Alejandro ha llegado a su particular “fin del mundo”. Construye una flota y desciende por el Hidaspes en busca del mar. En medio se interpone la ciudad de Multán. Impaciente por tomar la ciudad de los malios se lanza temerariamente al asalto. Sube por una escalera hasta la cima de la muralla a la cabeza de un pequeño grupo de hombres. Allí, en lo alto, estaban demasiado expuestos a los proyectiles que los defensores les lanzaban desde todas las direcciones por lo que decide saltar al interior de la ciudad. Apoyándose en un árbol aguantó hasta que tres de sus hombres se le unieron. Es entonces, cuando una flecha penetra hasta el pulmón perdiendo Alejandro el conocimiento. Afortunadamente sus hombres (Peucestes, Tineo, Leonato, y Aristono) protegen primero y conducen después al macedonio a su tienda, donde los médicos cortarán el astil  para inmovilizar el hierro que estaña armado con lengüetas. Esta última maniobra obligó a Critóbulo, el cirujano, a ensanchar la herida de Alejandro que sangró de nuevo profusamente perdió la consciencia por segunda vez. Finalmente, ya temiendo por su vida, se pudo contener la hemorragia, y según Curcioa los siete días, aún cuando no había cicatrizado, la herida mejoró. 

La realidad es que esta herida casi le mata y que le dejo secuelas de por vida, debilitando su estado de salud, ya agotado por los excesos de todo tipo, significativamente.

Tras un sinfín de penurias,15.000 de los 60.000 hombres que acompañaban al macedonio a conquistar la India consiguieron llegar a la avanzadilla persa de Pura( actual Iranshabr) en diciembre del 325 a. C.

Alejandro se había convertido en un curtido general, cubierto de cicatrices, atormentado por el dolor de sus viejas heridas. Tras dos noches de banquetes y excesos de todo tipo. Muere en junio del 323  a. C. No está claro si lo que lo mató fue la malaria, el veneno o si, simplemente, su organismo, demasiado debilitado por la sucesión de excesos y sobreesfuerzos acabó fallando (como defiende Rupert  Gebhard ).

A su muerte sus sucesores se disputaron su legado y su enorme imperio se disgregó en muy poco tiempo. Aunque esa, es ya otra historia.

 

 

BIBLIOGRAFIA

Curcio. Historia de Alejandro Magno. Madrid. Gredos, 1986

Diodoro. Biblioteca Histórica. VOL IV. Stutgart. Teubner, 1964

Plutarco. Vidas paralelas. T VI. Madrid Gredos, 2007

Arriano. Anábasis de Alejandro Magno. Libros I-III. Madrid. Gredos, 1982.

W. Hechel. Las conquistas de Alejandro magno. Madrid. Gredos, 2001

Fauré, P. Alejandro. Madrid. Edaf, 1990.

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