Alejandro en Egipto

Entre los años 343 a.C. y 332 a.C. Egipto estaba bajo la llamada Segunda Dominación Persa, gobernado por los monarcas de la Dinastía XXXI, si seguimos a Manetón: Artajerjes III (343-338 a.C.), Arsés (338-336 a.C.) y Darío III. Egipto era, por tanto, unasatrapía o provincia persa.

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En el año 336 a.C. subió al trono persa Darío III, que tuvo que enfrentarse a Alejandro de Macedonia (el epíteto de Magno se lo pusieron los romanos “Magnus”) cuando éste invadió Persia en el año 334 a.C. En la batalla de Issos (en la actual Turquía), que tuvo lugar en el año 333 a.C., Alejandro resultó vencedor.

Alejandro decidió entonces no seguir a Darío, que se batía en retirada, y se propusoconquistar Egipto. El conquistador macedonio, que tuvo que emplear todos sus medios militares para someter a las ciudades de Palestina –sobre todo Tiro y Gaza–, penetró en el país del Nilo sin resistencia. En la fortaleza fronteriza de Pelusio, el sátrapa o gobernador persa, Masaces, salió a su encuentro para entregarle el poder y el tesoro de sus arcas, unos 800 talentos. La ocupación de Egipto por Alejandro se produjo entre el otoño de 332 a.C. y la primavera de 331 a.C. Sólo estuvo físicamente en Egipto durante ese tiempo, unos seis meses.

Alejandro prosiguió su avance al frente de su ejército hasta la ciudad de Menfis, la capital tradicional del Bajo Egipto, donde hizo su entrada triunfal aclamado por las gentes. Para gran parte de los egipcios, Alejandro aparecía como un libertador. Desde la conquista de Egipto por Cambises en 526 a.C., el dominio persa había provocado gran resentimiento, sobre todo por sus exacciones fiscales y su desprecio a las creencias nacionales egipcias. Las rebeliones fueron constantes y, de hecho, desde 404 a.C. se formaron sucesivamente tres dinastías egipcias que lucharon contra los persas, hasta que en 343 a.C., apenas diez años antes de la llegada de Alejandro, el último faraón independiente de Egipto, Nectanebo II, fue expulsado por Artajerjes.

En Menfis, Alejandro se cuidó de mostrar su veneración a los dioses egipcios, rindiendo honores a Apis, el toro sagrado. A cambio fue reconocido como legítimo faraón y entronizado según el rito tradicional con el apoyo del pueblo y de los sacerdotes. Pero el nuevo faraón no permaneció muchos días en Menfis. De la capital se dirigió hacia el norte siguiendo el brazo occidental del Nilo hasta el puerto de Canopo, y desde allí progresó por la costa mediterránea hasta la aldea de Rakotis, un antiguo puesto fronterizo entre Egipto y Libia. Era un pequeño poblado situado en una lengua de tierra entre la laguna de Mareotis y la costa marina, frente a la que se situaba la isla de Faros, en la que, contaba la Odisea, habían recalado Menelao y Helena al volver de Troya. En aquella franja de tierra, Alejandro decidió levantar una ciudad que llevaría su nombre y que muy pronto se convertiría en el gran puerto mediterráneo de Egipto y en la mayor metrópolis helenística: Alejandría. Se cuenta que él mismo trazó los planos de la ciudad y encargó que comenzara su construcción. Pero entonces, mientras los obreros se afanaban en construir los primeros edificios de la ciudad, Alejandro decidió emprender la marcha hacia el oeste con el propósito de visitar el santuario del dios Amón en el oasis de Siwa y consultar su oráculo. Era una iniciativa desconcertante, pues Siwa no tenía ningún interés militar y la visita suponía demorar bastante el enfrentamiento definitivo con el rey persa Darío III, que estaba reclutando en el interior de Asia un gran ejército para vengar su derrota en Issos. Se trataba, también, de una expedición peligrosa, pues conllevaba internarse por una gran extensión desértica hasta alcanzar el oasis, que estaba a casi quinientos kilómetros de distancia del valle del Nilo. De hecho, se decía que en el intento de alcanzarlo, el gran ejército del rey persa Cambises se había perdido, sepultado bajo las implacables arenas. Además, muchos se preguntaban qué objeto tenía consultar el remoto oráculo de un dios libio y egipcio como Amón.

El trayecto de ida se realizó por la costa desde Alejandría hasta Paraetonium, la actual Marsa Matruh. De allí, se dirigieron hacia el sur, por el desierto, unos 300 quilómetros hasta llegar a Siwa.  El camino es desierto, y la mayor parte de él es arena, desprovisto de agua. Pero cayeron copiosas lluvias para Alejandro, cosa que fue atribuída al influjo de la divinidad; como también el siguiente suceso. Cada vez que en esa región sopla un viento sur, amontona arena a lo largo y ancho de la ruta, haciendo invisible el trazado del camino, de forma que es imposible discernir qué dirección tomar en la arena, como si uno estuviera en el mar; pues no hay mojones en el camino, ni montañas por ningún lugar, ni árboles, ni colinas estables que permanezcan erectas, por lo cual los viajeros deben ser capaces de intuir el trayecto correcto, como hacen los marinos con las estrellas. En consecuencia, el ejército de Alejandro se extravió, pues hasta los guías dudaban de la dirección a seguir. Ptolomeo, hijo de Lagus, dice que dos serpientes iban delante del ejército, profiriendo voces, y Alejandro ordenó a los guías seguirlas, confiando en el divino portento. Dice también que éstas les mostraron el camino del oráculo y el de la vuelta. Pero Aristóbulo, cuyas informaciones son admitidas generalmente como correctas, dice que dos cuervos volaban delante del ejército, y que hicieron de guías de Alejandro. Puedo afirmar con seguridad que alguna asistencia divina le fue ofrecida, ya que la probabilidad también coincide con la suposición. El oasis de Siwa es una región verde en medio del desierto de más de 100 quilómetros de longitud y unos 20-30 quilómetros de anchura, con un enorme palmeral en cuyo centro existe una colina llamada colina de Aghurmi. En ella se sitúa un templo dedicado al dios Amón o al dios Zeus-Amón. No sabemos con precisión lo que Alejandro preguntó ni escuchó en el interior del santuario. Allí penetró solo, en su condición de rey o faraón de Egipto. Luego se mostró muy satisfecho de su visita, pero guardó un total silencio sobre lo que le fue revelado. No tardaron en correr diversas versiones sobre la consulta. Se decía que había preguntado si reinaría sobre toda la tierra y si los asesinos de su padre, víctima de una conspiración de palacio, habían recibido su justo castigo. El sacerdote respondió que reinaría sobre un imperio y que Filipo sí había quedado vengado. Pero lo más importante fue la declaración del oráculo de que Alejandro no era hijo de Filipo, sino del gran dios Amón, aquel al que los griegos identificaban con Zeus. Desde entonces, el monarca macedonio se presentó como hijo del gran dios y mantuvo a lo largo de los años una veneración especial hacia Amón, al que dedicó muchos sacrificios.

Aquí debemos mencionar la versión de Plutarco al ser recibido Alejandro por el sacerdote principal del templo. Según su versión, el sacerdote lo saludó en griego como “o paidion”, es decir “mi hijo”. Al llamarlo hijo se lo reconocía como rey. Este saludo en griego, quizá mal pronunciado por un egipcio, pudo ser confundido con “pa theos”, es decir, “hijo de dios”. Puede que esto fuera lo que llevó a Alejandro a creer que era hijo del dios, todo según Plutarco.

Alejandro hizo sus preguntas al oráculo. Según Clitarco fueron dos: si sería soberano del mundo y si Filipo (su padre) había sido vengado. Aunque esto se considera una invención de Clitarco, ya que Arriano, considerado como el historiador oficial, no menciona nada al respecto.

La vuelta a Menfis pudo ser por la costa o por el desierto. Si fue por el desierto, es probable que la siguiente parada fuera el oasis de Bahariya, donde se erigió el único templo dedicado a Alejandro como rey de Egipto.

Durante el reinado de Alejandro como faraón de Egipto se reactivaron y normalizaron cultos a animales sagrados, paralizados durante la Segunda Dominación Persa. En concreto, se reanudó el culto al toro Apis, venerado en Egipto desde la Dinastía I.

Esta etapa tuvo una gran actividad constructiva, con numerosas ampliaciones y restauraciones.

En el Recinto de Amón en Karnak se restauró la la puerta del IV Pilono y la la antecámara del VI Pilono. En el templo de Khonsu en Karnak se restauró el Pilono de entrada y la capilla de Khonsu.

En el Recinto de Luxor, en la tercera antecámara de la Capilla de la Barca, se sustituyó una serie de cuatro columnas por una nueva edificación.

En el Templo de Thot en Hermópolis Magna hay fragmentos aislados de una variante de los epítetos de Alejandro. En el techo del Templo de Ukh el-Qaramus hay un grafito en demótico que habla del año 4 de reinado de Alejandro.

Y en el Templo de Bahariya, el único monumento erigido para Alejandro en todo Egipto, se encontró un pedestal de un metro de altura, pieza fundamental, que se conserva en el Museo Arqueológico de El Cairo y que contiene la titulatura completa de Alejandro, los cinco títulos como rey de Egipto.

La titulatura faraónica se componía de cinco nombres. En el caso de Alejandro estos son:

Nombre de Horus: Hrw qn (Horus el valiente) o  Hrw TmA-a (Horus el fuerte de brazo)

Nombre de las Dos Señoras: xwi bAqt  (el que protege a Egipto)

Nombre de Horus de Oro: Hrw nbw kA (nxt) Hwi bAq(t) (el toro poderoso que protege a Egipto, el gobernante del mar Gran Verde y del sol que lo rodea)

Nombre de entronización: stp-n-ra mr(y)-Imn (el amado de Ra, elegido de Amón) o mry-ra stp-n-Imn (el amado de Amón, elegido de Ra)

Nombre personal: Alksindrs (Alexandros)

 

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