¿Tirano o visionario?

Irónicamente, la peor fuente contemporánea de Alejandro fue la más divulgada. Así, las fuentes clásicas con las que hoy se cuenta, dejan de lado los sobrios -y probablemente aburridos- registros de Ptolomeo. Por el contrario el sensacionalista -pero entretenido y ameno- Clitarco es profusamente citado por autores antiguos como Diodoro, Diógenes Laercio, Ateneo, Estrabón, Plutarco, Eliano, Curcio o Estobeo, como bien anota Antonio Bravo García. Uno es el Alejandro retratado por los moralistas o autores de la corriente denominada “Vulgata” (los clásicos influenciados por Clitarco: Justino, Diodoro y Curcio) y otro muy diferente es el que nos describe Arriano. Plutarco por su parte, en una genial solución de compromiso, dando gusto tanto a los detractores como a los defensores, aparentemente halla al verdadero Alejandro. En sus obras, lo retrata como el joven que durante la mayor parte de su existencia vivió virtuosamente, pero que al final de sus días renegó de algunos de los valores griegos que le inculcara Aristóteles. Que viva la historia objetiva pero al parecer, ésta sólo prefiere residir en el Demiurgo… A partir de estos puntos de vista, los diferentes autores han prolongado el debate hasta la actualidad. Grote describe de tal manera al macedonio, que hasta los mismos moralistas se escandalizarían; W. W. Tarn nos retrata a un precursor de Jesús, y fundador de la actual ONU, lo cual evidentemente el punto medio, y de esta manera acabar con la presente discusión, que perfectamente se podría considerar bizantina. Pero, ¿en dónde se encuentra tal punto medio? ¿En reconocer que Alejandro fue un genio, pero que como todo poder corrompe, sus últimos días fueron decadentes? ¿O que el macedonio tuvo la fortuna de contar con soldados y generales de primer orden que pudieron vencer al enfrentarse a un enemigo en decadencia? El problema con tales soluciones de compromiso, es que son falseadas o desvirtuadas por acontecimientos debidamente comprobados, como es el caso de las espontáneas muestras de afecto que tanto macedonios como asiáticos, nobles y plebeyos, sacerdotes y laicos tuvieron con Alejandro, no sólo en vida o al momento de su fallecimiento, sino con posterioridad a su desaparición, o la cantidad de veces que los asiáticos pusieron en jaque a las fuerzas macedonias, por ejemplo. ¿Cuál es el punto medio entre el blanco y el negro? ¿El gris? ¿Cuál tono, claro u oscuro? ¿Un solo tono, o muchos? ¿Cuáles? ¿Por qué no las franjas negras y blancas? En tal caso, ¿verticales, horizontales o diagonales? ¿Cuántas? ¿Por qué? En ocasiones, no es tan fácil identificar el centro. Cierto que hay muchísimas probabilidades y “combinaciones”, pero este sólo hecho no garantiza que todas las soluciones propuestas sean acertadas. En determinado contexto, una misma cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo, a pesar de la relatividad inherente al cosmos. Alejandro, en sus últimos días o fue un tirano 2bcc402385d31619a38728eb396721d9y/o un decadente, y por lo tanto aborrecido por sus súbditos, o un verdadero líder visionario y adelantado a su tiempo, y en consecuencia tanto amado como incomprendido por ellos, tan típico de la esencia contradictoria del alma humana.

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