Tergiversando las fuentes

Mucha trascendencia tiene en este proceso de análisis de las fuentes, que ciertos tarados que no tuvieron escrúpulo alguno en deformar la historia para justificar campos de concentración, exterminios masivos de seres humanos y otras abominaciones, predicaran que Alejandro fue la prueba científica de la superioridad de la raza aria al unificar a griegos, macedonios y persas, tres naciones de origen ario. ¿Será racional entonces concluir que el Magno es el precursor del nazismo? ¿Que los autores de la vulgata son -por las atrocidades de ciertos tarados del siglo XX- la fuente más confiable? Profundizando en sus argumentos, el propio Faure expone: “Desde una perspectiva estrictamente marxista, Alejandro, como emanación de la clase y la educación de los nobles macedonios, es el símbolo de la explotación de los más débiles por los más fuertes. Ha sustituido un imperialismo por otro, el de la nobleza iraní por el de sus compañeros de armas. Al apoderarse de los medios de producción y poder, los macedonios no han hecho sino perpetuar métodos de explotación típicamente asiáticos, pues el suelo y las aguas pertenecen al rey, que deja su disfrute a las grandes familias, al clero, a pequeños campesinos libres, por medio de toda una jerarquía de prestaciones…” Es con semejante planteamiento con el que este biógrafo expone las razones por las cuales desconfía de Arriano. Sería interesante que el actualmente mencionado autor francés manifestara cómo según los cánones marxistas, Alejandro debió distribuir los puestos en el banquete de Opis, festín en el cual el Magno promovió la reconciliación entre griegos, macedonios y asiáticos (por citar un ejemplo) para convencer a Faure de que la finalidad de las medidas políticas del conquistador macedonio era la de cerrar la brecha entre vencedores y vencidos. No es satisfaciendo los yerros de Marx como se debe ponderar una fuente histórica. Lo adecuado es confrontar los diferentes testimonios con acontecimientos debidamente verificados, en aras de establecer la confiabilidad de los diferentes autores. Si Alejandro se limitó a darle gusto a la oligarquía macedónica, tal y como Faure expone, ¿por qué los complots de los aristocráticos Filotas y Calístenes? ¿El descontento de altos jerarcas macedonios y allegados del propio Alejandro como Parmenión, Clito o Aristóteles son acaso la prueba de que la oligarquía macedonia estaba contenta? ¿Qué decir de la conmovedora despedida entre Alejandro y sus soldados en Babilonia, poco antes de la muerte del rey? ¿Del trato que los egipcios dieron al cadáver del Magno, igual que el dedicado a sus dioses patrios? ¿O de las muestras de dolor de la madre de Darío al enterarse del fallecimiento del Magno? (Esta mujer se encerró en sus aposentos y se dejó morir de hambre, medida que no tomó al enterarse del asesinato de su propio hijo). ¿Es que acaso el pueblo llora la muerte de un tirano?28

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